Crisis de representación y desigualdad: Análisis de la democracia en Costa Rica y Panamá
El pasado martes 25 de junio se llevó a cabo el webinario “Las distintas expresiones de la crisis democrática en Centroamérica: Los casos de Costa Rica y Panamá”, en el marco del proyecto “Innovación y Generación de Conocimiento para afrontar la Crisis Democrática de Centroamérica”.
Este evento, organizado por la Red Iniciativa Centroamérica (RED ICA) y moderado por Marisa Ramos de la Universidad Complutense de Madrid, contó con las intervenciones de dos expertos destacados: Jorge Vargas Cullell, director del Programa Estado de la Nación en Costa Rica, y Harry Brown Araúz, investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS) de Panamá. Ambos analizaron las particularidades de las crisis democráticas en sus respectivos países, ofreciendo una visión crítica y comparada de los retos actuales.
Desde la diversidad de enfoques políticos hasta la erosión democrática y la evolución de los regímenes, este análisis destaca la importancia de entender las raíces históricas y las dinámicas contemporáneas para abordar los desafíos políticos actuales en Centroamérica:
Jorge Vargas Cullell: «Una democracia costarricense en erosión»
En su intervención, Jorge Vargas Cullell planteó que es fundamental desglosar qué se entiende por «crisis democrática» para poder abordar de manera efectiva los problemas que enfrenta la región. Según Vargas, el término «crisis» a menudo se utiliza de manera imprecisa, por lo que propuso que es necesario considerar distintas dimensiones que afectan la salud de la democracia: el régimen, la gestión del Estado, los resultados de gobierno y la legitimidad. Cada una de estas dimensiones puede estar afectada en diferentes grados y de diversas formas, y el reto es identificar en cuál de ellas se presentan los problemas específicos. En el caso de Costa Rica, subrayó que, aunque no se puede hablar de una crisis generalizada que afecte todos los aspectos de la democracia, hay evidentes señales de deterioro que deben ser abordadas con urgencia.
Uno de los puntos más críticos que destacó Vargas fue la crisis de representación política que atraviesa Costa Rica. Señaló que el país ha pasado de un sistema bipartidista a un multipartidismo fragmentado, en el cual los partidos políticos han perdido gran parte de su arraigo en la sociedad. Esto ha llevado a una situación en la que, según encuestas recientes, más del 80% de los costarricenses no se identifican con ningún partido político, lo que refleja un colapso de la confianza ciudadana en los partidos tradicionales. Además, señaló que esta fragmentación ha permitido la llegada de líderes sin un claro respaldo partidario, lo que pone en riesgo la estabilidad política a largo plazo.
Otro aspecto relevante que mencionó Vargas es el deterioro de ciertas libertades, en especial la libertad de prensa. Explicó que, bajo el actual gobierno, ha habido un aumento en la tensión entre el Ejecutivo y los medios de comunicación, con ataques y acoso a periodistas que han generado preocupación tanto a nivel nacional como internacional. Aunque esta situación aún no ha alcanzado niveles críticos, representa una alarma sobre el futuro de las libertades civiles en el país. Finalmente, también hizo hincapié en los problemas de gobernanza, donde la capacidad del Estado para gestionar políticas públicas de manera efectiva se ha visto comprometida por un sistema político fragmentado y un «loop» constante de vetos entre los diferentes actores.
Harry Brown Araúz: «Estabilidad y tensiones en la democracia panameña»
Por su parte, Harry Brown Araúz ofreció un análisis sobre la situación en Panamá, destacando que la democracia en este país tiene una historia singular, pues fue instaurada tras la intervención militar de Estados Unidos en 1989. Esta peculiar transición a la democracia no estuvo acompañada de la inclusión de sectores clave como los trabajadores y campesinos, que fueron desplazados del escenario político junto con los militares. Esta exclusión ha marcado el rumbo de la política panameña durante las últimas tres décadas, creando un sistema democrático que, si bien ha sido estable, es percibido como poco inclusivo y elitista.
Brown también abordó el carácter cerrado del sistema de partidos en Panamá, que ha sido reforzado por un sistema electoral mayoritario que excluye a los actores de izquierda y limita la diversidad en la representación política. Señaló que hasta hace muy poco las campañas electorales en Panamá se basaban en un financiamiento privado desmesurado, lo que hacía que el acceso al poder dependiera más del dinero que de las propuestas políticas. Este sistema ha perpetuado una élite política y económica que domina la vida política del país, reduciendo las posibilidades de participación para nuevos actores o movimientos sociales. Sin embargo, destacó que en los últimos años ha habido un creciente movimiento hacia la libre postulación, que ha permitido la aparición de candidaturas independientes que han empezado a desafiar el sistema tradicional, abriendo una brecha para la renovación política en el país.
Un aspecto crucial del análisis de Brown fue el papel del Canal de Panamá en la economía y la política del país. Si bien reconoció el éxito de la administración del canal desde su reversión al control panameño en 1999, también advirtió sobre la percepción generalizada de que los beneficios económicos generados por el canal no llegan a todos los sectores de la sociedad. Según Brown, el canal ha aportado más de 15.000 millones de dólares al Estado panameño en las últimas dos décadas, pero la desigualdad sigue siendo un problema profundo. Panamá es uno de los países más desiguales de América Latina, y la riqueza generada por el canal está concentrada en unas pocas áreas del país, lo que ha generado un descontento creciente entre la población.
Tanto Jorge Vargas como Harry Brown coincidieron en que las democracias de Costa Rica y Panamá enfrentan retos significativos, aunque de naturaleza distinta. Mientras que Costa Rica lidia con una crisis de representación política y una erosión en las libertades fundamentales, Panamá enfrenta el desafío de consolidar una democracia más inclusiva y equitativa, en un contexto de desigualdad económica y tensiones sociales. Ambos expertos subrayaron la importancia de continuar el análisis comparado de la región, para encontrar soluciones que permitan enfrentar las crisis democráticas de manera eficaz y sostenible.
