Jenny Pearce: "La población tiene una enorme capacidad de agencia y de autogestión, incluso en los contextos más adversos”
En el marco del seminario internacional «La crisis de la democracia en Centroamérica y sus posibles soluciones», la politóloga y profesora de la London School of Economics and Political Science, Jenny Pearce, ofreció un análisis exhaustivo sobre las profundas raíces de la crisis en la región centroamericana, subrayando la necesidad de un enfoque multidimensional que abarque no solo los aspectos políticos, sino también los económicos, sociales y de seguridad. Esto fue lo que nos dijo durante una entrevista con Deyni Menjivar periodista de la Agencia EFE.
Desigualdad estructural y un capitalismo excluyente
Pearce inició la entrevista recordando que la crisis centroamericana no puede ser entendida desde una óptica simplista. Aunque la inseguridad y la violencia dominan la narrativa actual, la profesora subrayó que estas son manifestaciones de problemas más profundos relacionados con la gestión económica en la región. «No podemos entender la crisis actual sin comprender las raíces económicas de la región», explicó, refiriéndose a un modelo capitalista que ha modernizado ciertos sectores, pero que ha dejado a gran parte de la población al margen.
La académica resaltó el papel del extractivismo y la transnacionalización de la economía en varios países, como El Salvador, donde el giro hacia sectores financieros y transnacionales no ha beneficiado a la población más vulnerable. En lugares como Honduras, Pearce recordó el caso de Berta Cáceres, activista indígena asesinada por su resistencia al desarrollo hidroeléctrico en tierras indígenas. Este ejemplo fue usado para destacar el conflicto entre las formas de explotación económica y las luchas locales por la defensa del territorio y los recursos.
«La modernización económica no ha dado respuestas a las necesidades de la población, y esto se agrava por la enorme desigualdad en la región», afirmó Pearce, haciendo hincapié en la concentración del poder económico en manos de élites que han sido las únicas beneficiadas de las dinámicas económicas globales. Según la politóloga, la falta de un enfoque incluyente y equitativo en la construcción de una economía que responda a las necesidades sociales ha exacerbado la polarización social y la fragilidad democrática.
Violencia, criminalidad y migración: síntomas de una crisis más profunda
En su análisis, Pearce también abordó el fenómeno de la violencia y la criminalidad en Centroamérica, que ha generado respuestas autoritarias por parte de los gobiernos. «No podemos simplemente construir más cárceles como solución a la crisis de violencia», criticó, en clara alusión a las políticas del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Para Pearce, la criminalización de la juventud y las respuestas punitivas, aunque comprensibles en un contexto de desesperación social, no son más que paliativos que perpetúan el ciclo de exclusión y violencia.
Además, insistió en que la criminalidad y las ilegalidades en Centroamérica no son exclusivamente problemas de las clases más desfavorecidas. «La ilegalidad también forma parte del sistema político-económico de las élites», señaló, mencionando la participación de expresidentes y figuras del poder en redes de narcotráfico y corrupción. Sin embargo, destacó que las mayores víctimas de este sistema son los jóvenes de las clases más bajas, quienes enfrentan una falta de oportunidades laborales dignas y se ven empujados hacia las maras y pandillas.
En este contexto, la migración se convierte en una de las pocas salidas para muchos centroamericanos. Pearce enfatizó la necesidad de una política migratoria que entienda este fenómeno no solo como un tema de desplazamiento, sino como una consecuencia directa de la falta de oportunidades económicas y de la violencia en la región.
Repensar la seguridad: hacia una visión de seguridad humana
En cuanto a las soluciones, Pearce abogó por un enfoque de «seguridad humana», una perspectiva que pone el bienestar de la población en el centro de las políticas de seguridad. «No podemos hablar de seguridad solo en términos de combatir la criminalidad; también debemos abordar las inseguridades diarias de la gente, como la falta de acceso a vivienda, salud y educación», explicó.
Esta propuesta no es nueva, recordó Pearce, ya que las Naciones Unidas promovieron esta visión desde la década de 1990. Sin embargo, en la práctica, las políticas públicas en Centroamérica han estado dominadas por un enfoque militarizado que ignora las raíces sociales de la inseguridad. Para que haya un cambio real, según Pearce, es esencial que las élites se comprometan con una redistribución justa de la riqueza a través de impuestos que financien programas sociales robustos y sostenibles. «Sin inversión en el tejido social, seguiremos viendo más violencia y exclusión», advirtió.
El rol de la cooperación y la participación comunitaria
En relación a la cooperación internacional, Pearce subrayó la importancia de entender y respetar las dinámicas locales. Recordó su experiencia en Chalatenango, El Salvador, durante la guerra civil, donde campesinos organizaron un sistema de gobierno local bajo la influencia de la teología de la liberación. «La población tiene una enorme capacidad de agencia y de autogestión, incluso en los contextos más adversos«, señaló.
Para Pearce, la clave para una cooperación efectiva radica en trabajar con las comunidades desde un enfoque participativo, reconociendo el valor de su experiencia y conocimientos. «No podemos hacer investigación extractivista; debemos adoptar metodologías que permitan un diálogo entre los saberes locales y académicos», recomendó a los jóvenes investigadores interesados en trabajar en la región. La investigadora insistió en que la colaboración entre académicos y comunidades locales puede ser una herramienta poderosa para fomentar cambios positivos y duraderos.
Un llamado a un nuevo enfoque para Centroamérica
En sus palabras finales, Pearce lanzó un mensaje esperanzador pero realista. Aunque Centroamérica enfrenta múltiples desafíos, también posee un enorme potencial. Las comunidades locales, los movimientos indígenas y campesinos, y los jóvenes activistas que luchan por sus derechos son ejemplos de resistencia y creatividad social. Sin embargo, advirtió que, si no se cambia la actual tendencia hacia el autoritarismo y la exclusión, el camino futuro podría estar marcado por más violencia y corrupción.
«Aunque Bukele pueda parecer una solución rápida, es un camino hacia más violencias y hacia la erosión de la semilla democrática que se plantó después de las guerras», concluyó. Con este mensaje, Pearce invita a los actores políticos y sociales, tanto dentro como fuera de Centroamérica, a repensar sus estrategias y a apostar por una verdadera inclusión y justicia social como única vía para superar la crisis.
